28 de Diciembre de 1801
A ti mi amor:
Voy camino a casa, viendo el suelo casi admirando las hojas caídas, mientras van dejando atrás pequeños destellos las luciérnagas que decoran la hilera de nogales que hay en el barranco.
Cada vez estoy más lejos de ti, si tu supieras lo que estoy pensando, pobre de ti, estarías tan acongojado por esta situación, te amo tanto que no te quiero para mí, contigo quizás descubrí un nuevo concepto, quizás simplemente aprendí.
Pero de igual manera, estoy tan cerca de ti, al entender que tu felicidad es precisamente mi bienestar, podría sentir confusión y una profunda tristeza al pensar que tus labios están fusionándose con los de ella, que sólo son feliz con los de ella.
Y juro por mi vida que es tan difícil para mi comprender que tu corazón suspira por su amor, pero tengo muy presente que al verte sonreír de esa manera como lo haces cuando estás con ella, nada vale más, ni el dolor al decirte adiós.
Ojalá Dios se apiade de mi y me haga conocer a alguien con tu esencia, pero ruego por que no me olvide de cómo te sintió mi corazón, que nadie te reemplace, simplemente, que yo no te extrañe amor.
Se que mis besos fueron como el chocolate que tanta ansia da por probar, sé que yo no puedo ser lo que ella será por ti, se que se desvive por ti mientras que yo puedo vivir sin ti, sé que no te puedo hacer esto, porque sé que te dolerá, no pienses que sufro.
Lo que sentimos un día, no vale más que una vida con ella. Hoy desde aquí, te mando mi bendición para que hagas con ella, de tu vida, una hermosa canción de amor.
Con amor
María.
