miércoles, 16 de marzo de 2011

Hecho en Casa

Un cafecito recién hecho en casa, con una cucharada más de azúcar, es tan amargo para mi que quiero compensarlo con mis galletas de vainilla, me asomo a la ventana, está lloviendo y sin querer viajé junto con las gotas que veía caer, sentí como si me librara de algo cada vez que caía junto a ellas, desee que nunca acabara la lluvia, después me perdí, regresé a ese vacío que esta llenando mi interior, sólo respiro y me dejo caer con ellas, las únicas entretenidas ahora, son las gotas de la lluvia.

Como podía olvidar esas sensaciones que sentí, fui tan feliz, nunca había deseado olvidar que un día fui feliz, solo pensaba y pensaba, nunca algo razonable, nunca algo cierto y congruente, me canse de esperar esa paz que ya deseaba desde hace años, me sentía divorciada de la vida, divorciada de mi vida.

La lluvia no cesa, sigo observando como caen tan rápido y lento a la vez, me pongo en su lugar, nunca tendría miedo de caer, simplemente reventaría y no pensaría en lo que paso después, el café ya se terminó, y mis galletas ya no saben igual sin café, las gotas me empiezan a arrullar, el sofá es muy calientito y la ventana hace un ruido que suena como canción de cuna, ideal para descansar…

El teléfono no deja de sonar, mis amigas se encargan de eso, en especial una con la que me voy todos los jueves a charlar mientras nos tomamos un café en el starbucks, ella es de las amigas que son buenas para platicar, te dice las palabras perfectas que deseas escuchar, me cuenta historias que despiertan en mi sensaciones positivas que a veces extraño, pero ella desearía que alguien hiciera lo mismo por ella, pero yo soy de las que me gusta ir a algún antro cada viernes de quincena y ponernos guapas, así que siempre me la llevo y nos divertimos mucho.

Pero era evidente que ya tenia cuatro quincenas sin salir, ella pretendía ayudarme, yo no sabia como reaccionar, estaba enojada conmigo pero no con ella, no quería defraudarla como amiga pero cómo si me sentía mal, no tenia ánimos de nada. Tomando un café nos acordamos de la universidad y juntas relatamos sucesos divertidos, tiernos y embarazosos, nunca había pasado tantas horas en un café, pero fue muy grato recordar.

Me llevé a la cama algunos recuerdos que no pude desprender de mi, y eso me cautivó mucho, pues ya tenia años de no pensar en eso, para entretenerme encendí mi laptop, chequé el mail, actualicé mi facebook y me conecté al msn, quizás había alguien a quien podría saludar. Ahí estaba el vivo recuerdo del café, pensé que jamás me lo toparía de nuevo, nos saludamos y me invitó a su casa a tomar una copa y platicar. No dijo cuando.

…En cuanto nos vimos sentimos algo, estoy segura de ello, solo pensaba en nunca dejar de ver sus ojos, brillaban como cuando lloras, era agradable verlo con su sonrisa de niño, su cabello era el mismo suave lacio peinado como Ashton Kutcher, y no me digan que no lo conocen, porque eso si me deprimiría, era perfecto, cada movimiento, palabra, gesto, eran parte de mi, me enamoré profundamente de el en cuanto lo vi de nuevo, después de ya varios años.

Platicamos pocas cosas, la copa nunca me la terminé, me ofreció de cenar, yo no estaba para ese tipo de cosas, mi estómago era una revolución de sensaciones, llegué a pensar que me hice adicta a él, ni siquiera el café se me antojó, pero yo le decía si a todo, así que me comí un taco de carne y platicamos otro rato, ni cuenta me di cuando mis labios ya estaban en los suyos…

Una luz muy brillante cala mis ojos, me di cuenta que de la ventana alguien trataba de despertarme, el sol que todos los días se asoma, parecía advertirme que sería un buen día. Quite la sábana de mis piernas, me estiré como nunca, encendí el estereo que tarareaba mis canciones favoritas, aquel mix que una vez le regalé a una de mis amigas, que después, para animarme un poco, me lo prestó. Abrí la regadera, y dejé que el sol entrara más a mi habitación, después de todo siempre es bienvenido. Cantando las canciones en voz alta, café en mi taza favorita y mis jeans preferidos, hicieron del resto del día un agradable momento.

No conocí a aquel Ashton que soñé, pero caminando en el parque con lucas mi perro, descubrí que hay cosas por las que vale la pena vivir, simplemente alguien tenía algo que necesito, más emocionada, todos los días corrí en ese parque y nunca más lo volví a ver. Pero me hacía bien salir, así que sin algún motivo en especial, salí a correr todas las mañanas a ese parque.

Un día ya cansada me detuve en una jardinera y me senté con lucas a un lado. Se acerca alguien, apenas le diría algo, cuando lo vi, era aquel que ya hacía tiempo que no veía, sólo recuerdo su sonrisa que me hipnotizó, sus manos que me inspiraban paz, platicamos un buen rato hasta que la tarde se despedía en tonos rojizos, la pasamos bien, me acompañó caminando a mi casa, el se fue, y yo entré, hoy no tomé café, ni me senté en aquel sofá, solo abrí la regadera y empecé a cantar. El resto es historia.

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